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martes, 22 de octubre de 2013

¿Hay vida después del porno?  


Su trabajo es rentable, pero dura poco. Durante unos años son el objeto de deseo de miles de hombres, pero cuando las primeras arrugas aparecen y el cuerpo empieza a traicionarlas, a una edad no demasiado elevada, las estrellas porno saben que su carrera en el cine ha llegado a su fin. ¿Qué pueden hacer para seguir ganándose el pan?
Sin un plan de jubilación y con unas habilidades difícilmente aplicables en otros campos laborables, las estrellas del porno permanecen, normalmente, en el sector, según asegura la CNBC. Ya sea por obligación o por deseo propio.
Las granes estrellas suelen ser reclutadas por el propio sector como embajadoras de su labor y la de sus compañeras más jóvenes. Pero las que no han logrado alcanzar el estrellato deben conformarse con pasar 'detrás de las cámaras'. Agencias de talento, productoras, escribir sus memorias o hacerse fotógrafas e incluso maquilladoras, son los destinos más habituales.
"No me imaginaba haciendo algo que no estuviese relacionado con el porno"
Es el caso de Christy Canyon, una gran estrella del porno desde mediados de la década de los 80 hasta 1997- año en el que se retiró-, que ahora trabaja en una productora de "entretenimiento adulto" y dirige el programa Night Calls de Playboy radio. Pero no lo hace por necesidad, ya que cuando todavía era actriz supo negociar su salario y tras invertir sus beneficios asegura que podría vivir 20 años sin trabajar. Sin embargo, la industria del porno la ha enganchado. "No me imaginaba haciendo algo que no estuviese relacionado con el porno", asegura a CNBC.
También se siente así la todavía actriz Jesse Jane. Sabe que en cuatro o cinco años chicas más jóvenes le quitarán el puesto delante de las cámaras, por eso lleva años trabajando en su propia marca de juguetes eróticos.
Tera Patrick, cuyo reinado en el mundo del porno abarcó casi toda la última década, también se ha jubilado recientemente. Ahora se encuentra en una gira de promoción de su libro de memorias. Al mismo tiempo ella gestiona una discoteca en su intento de explorar nuevos campos.
La web, es otra de las salidas posibles, aunque se trata de una opción mucho más extendida entre las estrellas porno masculinas. Su cuerpo aguantará más, y por tanto también su carrera profesional aunque sea creando sus propias páginas web.
Pero siempre hay excepciones y muchas actrices aprovechan el fin de su carrera para obtener títulos universitarios y seguir adelante con su vida. La enfermería es una opción bastante popular, según reconocen algunas fuentes del sector que no saber explicar la causa. Otras persiguen el sueño de convertirse en una actriz corriente.
Muy diferente es la historia de esas otras estrellas, las del porno, mujeres y hombres con un ocaso mucho más farragoso, con traumas y el constante rechazo social, un drama humano del que se ocupa un documental que acaba de ver la luz en Estados Unidos, 'After porn ends', un retrato de 12 ex protagonistas de las películas que aún se consumen en masa en el mundo dirigido por Bryce Wagoner y disponible a través de iTunes.
En el documental, aparecen nombres como Asia Carrera, una de las mujeres mejor pagadas en los años 90 y que ahora es una madre soltera y con unos kilos más de los que tenía en la época en la que arrasaba con sus películas. También carga con problemas de exclusión social. Aunque huyó de casa con 17 años y se convirtió en una empresaria y una triunfadora en lo suyo, el entorno en el que vive no le perdona su pasado. Cuando intenta hacer donativos a organizaciones de caridad, éstas rechazan sus contribuciones. Peor fue lo de Houston (Kim Halsey), otra de las actrices retratadas en el documental, que perdió su trabajo como agente inmobiliario cuando un cliente la reconoció. Las ex estrellas convertidas en clase media viven con una sensación de extrañeza, dicen, que no se termina nunca.
Carrera explica que se metió en el porno porque era una forma de ganar dinero mientras se acostaba con tipos atractivos. Después, llegó el desencanto. Muchas actrices se volvieron en contra de la industria al sentirse violadas cada vez que tenían que rodar una escena, sin que sus jefes escucharan ninguna de sus demandas.
Hay más sordidez. Algunos de esos ex protagonistas vinculan su decisión de dedicarse al porno a los abusos sexuales que sufrieron durante su infancia, a problemas de adicción a la droga. De hecho, el vínculo entre la pornografía y la droga es un mundo poco explorado y que el documental de pone de relieve.

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