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lunes, 2 de noviembre de 2015

Los orgasmos fingidos, los más excitantes  
¿Quién dijo que fingir un orgasmo fuese solo una argucia de amantes tramposas, sumisas, inhábiles o reprimidas? ¿Y quién dijo que al otro lado habitasen hombres toscos e incapaces que no se enteran de nada? A quien piense así, el psicólogo Joserra Larranda les invita a ver más allá: "El fingimiento es también destreza de amantes empoderadas, lujuriosas, atrevidas... Y al otro lado del fingimiento hay amantes artistas que aumentan su deseo con la excitación histriónica, dramática y exagerada de ella". Visto de este modo, fingir un orgasmo deja de ser engaño y se convierte en una forma exquisita de gozo y complicidad. En definitiva, las cosas no son siempre como parecen.
Orgasmo, mujer y fingimiento son tres palabras que siempre han ligado bien, aunque el cóctel no puede ser más complejo. Según una investigación de la Universidad de Kansas con más de 2000 mujeres, el 68% ha fingido un orgasmo al menos una vez en la vida. Larranda encuentra múltiples razones para hacerlo y, de hecho, confiesa que algunos terapeutas, empezando por él, prescriben a las mujeres que sufren anorgasmia no solo que finjan un orgasmo, mejor aún, "que escenifiquen, que dramaticen y hagan de este falso orgasmo un arte dramático al servicio del juego amoroso". Sería como una llamada al placer que puede resultar muy eficaz.
Por cierto, los hombres, aunque no tanto ni tantos, también fingen orgasmos. "Sobre todo -explica Larranda- cuando no pueden, no llegan o están fatigados sin haberlo alcanzado aún. Lo hacen casi siempre durante la penetración, puesto que así la ausencia de eyaculación queda disimulada".
Pero los psicólogos no quieren descuidar otros motivos más dolorosos que oculta un orgasmo fingido cuando la trampa se utiliza para tapar incompetencias propias o ajenas y eludir cuestiones que los amantes deberían abordar con claridad. "A veces el propio fingimiento crea las condiciones de su propia necesidad y acaba convertido en un círculo vicioso del que es difícil salir", explica Larranda al tiempo que esgrime algunas de estas razones:
-Para que acabe.
-Para que no insista.
-Para aplaudirle la labor al hombre y se sienta así satisfecho.
-Para que no crea que la mujer sufre algún problema.
-Para facilitar que, efectivamente, llegue el orgasmo. A veces, haciendo "como si" se facilitan o se logran determinados objetivos.
Quizás todo esto ocurre por obcecarnos en la idea del orgasmo, femenino o masculino, como una meta o una obligación durante el encuentro sexual. "El orgasmo -concluye el psicólogo- es una sensación sumamente intensa y placentera, pero se puede tener o no. Que se busca y se encuentra, que se encuentra sin haberlo buscado o que se busca sin encontrar. En ningún caso debería ser un trofeo, una salida, un test de normalidad o un sello de calidad".

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